Palabras de Paso 82
Palabras de Paso 82 - octubre 2026
El programa de hoy
"Palabras de Paso", el podcast del grupo cultural Artes Entre Columnas se emite desde la ciudad de Las Piedras, Canelones, Uruguay, bajo la coordinación de Waldemar Fontes, con el auspicio del Centro de Formación José Artigas. En este programa número 82 emitido al comienzo de octubre de 2026, reflexionamos sobre “La curiosidad…”.
En esta ocasión, contamos con la habitual participación de Gélida Polares y Mirtha Pérez, con las voces de Carlos Heuguerot, Facundo Rovere y Ana Carina Hoffemblat, de la editorial Flor de Lis, quienes nos recitan poemas de su autoría.
Listado de los poemas interpretados en este programa
- “Si te nombro”, poema de Facundo Rovere, interpretado en voz de su autor.
- “Curiosidad”, de Juan Zangaro, interpretado por Mirta Pérez.
- “Monólogo”, un poema de Washington Daniel Gorosito, interpretado por Waldemar Fontes.
- “Babel: la curiosidad”, un poema de Cristina Peri-Rossi, interpretado por Gélida Polares con la voz sintética de Ivanna de ElevenLabs.
- “Curioso”, un poema de Carlos Heugerot escrito especialmente para este programa, interpretado en voz de su autor.
- “La niña que aún pregunta” de Ana Carina Hoffemblat, interpretado en voz de su autora.
- “Mi mundo”, un poema de Marta de Arévalo, interpretado por Waldemar Fontes, en homenaje a su reciente partida física.
- “La inocencia, el descubrimiento y la curiosidad” de José María Cuberas, interpretado por Mirta Pérez.
- “Demonios en la Tierra”, un poema de Carlos Heuguerot, interpretado por Waldemar Fontes,
- “Donde se esconden los siete colores”, un poema de Pablo Asencio, interpretado por Mirta Pérez.
- “¿Por qué? Poema de Marisa Alonso, publicado en guiainfantil.com, interpretado por Waldemar Fontes.
- “La belleza de la curiosidad” de Ana Carina Hoffemblat, interpretado en voz de su autora.
- “La curiosidad no tiene cura” de Hermes Barilla, interpretado por Mirta Pérez.
Momento de reflexión
Dedicamos nuestro programa al lema "la curiosidad" y buscamos conocer qué hay más allá de lo aparente y los peligros que eso acarrea.
La curiosidad es, quizá, la primera forma de desobediencia que aprendemos. Antes de saber hablar, ya estiramos la mano hacia lo desconocido; antes de comprender el mundo, lo interrogamos con los ojos. La curiosidad es ese impulso primario que nos empuja a cruzar el umbral entre lo que somos y lo que podríamos llegar a ser.
No es un mero capricho del pensamiento: es una fuerza biológica, un hambre profunda de información. Cuando algo nos intriga, el cerebro se ilumina; la dopamina abre caminos, y el mundo se vuelve más ancho. La curiosidad nos mantiene despiertos, atentos, disponibles para el descubrimiento. Es el motor silencioso del aprendizaje, la chispa que enciende la creatividad y la llave que abre la puerta al crecimiento personal.
A lo largo de la vida, la curiosidad nos acompaña como una brújula interior. En la infancia, nos enseña a nombrar el mundo; en la adultez, nos permite reinventarlo. Quien conserva la curiosidad conserva también la capacidad de asombro, esa rara virtud que nos mantiene flexibles, sensibles y capaces de cambiar de opinión.
Ser curioso implica riesgo: explorar lo desconocido puede llevarnos a territorios inciertos, a preguntas que incomodan, a verdades que transforman. La curiosidad mal dirigida puede convertirse en intrusión, en ansiedad, en esa compulsión moderna por saberlo todo sin comprender nada. Vivimos rodeados de estímulos que explotan nuestra necesidad de descubrir, y no siempre con fines nobles.
Aun así, renunciar a la curiosidad sería renunciar a una parte esencial de lo humano. Porque la curiosidad nos permite crecer, pero también nos permite crearnos: elegir qué preguntas valen la pena, qué misterios merecen ser abiertos, qué caminos queremos recorrer aunque no sepamos dónde terminan.
La curiosidad es una llama. Puede iluminar o puede quemar. Pero sin ella, caminaríamos a oscuras.
Pero más allá del horror, Barba Azul es un cuento sobre la curiosidad como acto fundacional de la conciencia. La joven esposa no abre la puerta por maldad ni por capricho: la abre porque intuye que la prohibición esconde una verdad que la afecta. Su curiosidad no es infantil; es existencial. Abrir la puerta es abrir los ojos.
La historia nos recuerda que la curiosidad es una fuerza ambivalente:
Barba Azul es un cuento clásico y, a pesar de lo atroz de la historia narrada, mantiene su vigencia porque:
En Palabras de Paso, la curiosidad es la llave que abre cada tema, cada verso, cada historia. Y como en el cuento, abrir la puerta del conocimiento, de la emoción, de la memoria, que siempre transforma.
Nacida en Montevideo como Marta Ferreyra Ferrari, consolidó a lo largo de su vida un vasto repertorio lírico y narrativo que trascendió fronteras. Su pluma combinó con maestría el rigor de la investigación histórica, la agudeza del ensayo breve, la ternura de la literatura infantil y una profunda sensibilidad poética que exploró incansablemente las búsquedas existenciales y cósmicas.
Marta fue una incansable gestora cultural en nuestro país:
La curiosidad es, quizá, la primera forma de desobediencia que aprendemos. Antes de saber hablar, ya estiramos la mano hacia lo desconocido; antes de comprender el mundo, lo interrogamos con los ojos. La curiosidad es ese impulso primario que nos empuja a cruzar el umbral entre lo que somos y lo que podríamos llegar a ser.
No es un mero capricho del pensamiento: es una fuerza biológica, un hambre profunda de información. Cuando algo nos intriga, el cerebro se ilumina; la dopamina abre caminos, y el mundo se vuelve más ancho. La curiosidad nos mantiene despiertos, atentos, disponibles para el descubrimiento. Es el motor silencioso del aprendizaje, la chispa que enciende la creatividad y la llave que abre la puerta al crecimiento personal.
A lo largo de la vida, la curiosidad nos acompaña como una brújula interior. En la infancia, nos enseña a nombrar el mundo; en la adultez, nos permite reinventarlo. Quien conserva la curiosidad conserva también la capacidad de asombro, esa rara virtud que nos mantiene flexibles, sensibles y capaces de cambiar de opinión.
Ser curioso implica riesgo: explorar lo desconocido puede llevarnos a territorios inciertos, a preguntas que incomodan, a verdades que transforman. La curiosidad mal dirigida puede convertirse en intrusión, en ansiedad, en esa compulsión moderna por saberlo todo sin comprender nada. Vivimos rodeados de estímulos que explotan nuestra necesidad de descubrir, y no siempre con fines nobles.
Aun así, renunciar a la curiosidad sería renunciar a una parte esencial de lo humano. Porque la curiosidad nos permite crecer, pero también nos permite crearnos: elegir qué preguntas valen la pena, qué misterios merecen ser abiertos, qué caminos queremos recorrer aunque no sepamos dónde terminan.
La curiosidad es una llama. Puede iluminar o puede quemar. Pero sin ella, caminaríamos a oscuras.
Cosas oídas por ahí: Barba Azul, la puerta que todos tememos abrir
El célebre cuento de Barba Azul, recogido por Charles Perrault en el siglo XVII, es una de esas historias que parecen simples en la superficie, pero que esconden capas de sentido que atraviesan la psicología, la ética y el misterio humano. La trama es conocida: un hombre rico, de barba azulada y aspecto inquietante, entrega a su joven esposa todas las llaves de su castillo, excepto una. Le prohíbe abrir una pequeña puerta. Ella, movida por la curiosidad, desobedece. Dentro encuentra los cadáveres de las esposas anteriores. El descubrimiento desencadena la furia del marido y la lucha por sobrevivir.Pero más allá del horror, Barba Azul es un cuento sobre la curiosidad como acto fundacional de la conciencia. La joven esposa no abre la puerta por maldad ni por capricho: la abre porque intuye que la prohibición esconde una verdad que la afecta. Su curiosidad no es infantil; es existencial. Abrir la puerta es abrir los ojos.
La curiosidad como llave y como peligro
En el cuento, la llave prohibida representa ese impulso humano de querer saber, incluso cuando saber duele. La esposa descubre que la ignorancia era una forma de cautiverio. La curiosidad, aunque la expone al peligro, también la libera de una ilusión: la de creer que vivía en un hogar seguro.La historia nos recuerda que la curiosidad es una fuerza ambivalente:
- Puede revelar lo que nos salva.
- Puede mostrarnos lo que nos hiere.
- Puede romper el hechizo de la comodidad.
- Puede obligarnos a actuar, a cambiar, a escapar.
¿Por qué tomamos el cuento “Barba Azul”?
Nuestro podcast trabaja con la palabra como puente, como exploración, como viaje hacia lo que no siempre se dice. En cada episodio, la curiosidad es el motor que impulsa a los oyentes a entrar en mundos literarios, poéticos, musicales, culturales. Y también es la fuerza que guía a quienes participan: poetas, narradores, artistas, pensadores.Barba Azul es un cuento clásico y, a pesar de lo atroz de la historia narrada, mantiene su vigencia porque:
- Habla del deseo de saber, ese impulso que mueve la creación artística y la reflexión cultural.
- Muestra el costo de abrir puertas internas, algo que la literatura y la poesía hacen constantemente.
- Invita a pensar en los límites, en lo prohibido, en lo que la sociedad nos dice que no debemos mirar.
- Revela que la curiosidad es crecimiento, aunque a veces implique atravesar zonas oscuras.
En Palabras de Paso, la curiosidad es la llave que abre cada tema, cada verso, cada historia. Y como en el cuento, abrir la puerta del conocimiento, de la emoción, de la memoria, que siempre transforma.
In Memoriam: Marta de Arévalo, la pasión hecha palabra
Desde el grupo cultural Artes Entre Columnas, nos sumamos al sentir de la comunidad literaria hispanoamericana ante el reciente fallecimiento de la destacada escritora y poeta uruguaya Marta de Arévalo (1933–2026). Su partida física nos invita a reflexionar sobre un legado inmenso que abraza el humanismo práctico mediante el uso de la palabra.Nacida en Montevideo como Marta Ferreyra Ferrari, consolidó a lo largo de su vida un vasto repertorio lírico y narrativo que trascendió fronteras. Su pluma combinó con maestría el rigor de la investigación histórica, la agudeza del ensayo breve, la ternura de la literatura infantil y una profunda sensibilidad poética que exploró incansablemente las búsquedas existenciales y cósmicas.
Marta fue una incansable gestora cultural en nuestro país:
- En 1988 fundó el emblemático Grupo Cultural B.L.A.N.C.O. y su Taller Poético (declarados de Interés Cultural por el MEC), editando las revistas B.L.A.N.C.O. y Lunita de Papel. [1]
- Durante dieciséis años compartió su poesía de forma ininterrumpida a través de su recordada columna dominical en el diario El País.
- Autora de una cuarentena de libros, entre los que destacan sus Romances tempranos y poemarios como Ojo de leopardo, su obra La luz en que vivo obtuvo en París el prestigioso Premio Internacional Gabriela Mistral. En México también fue distinguida con el Premio José Vasconcelos. [1, 2]
El nacimiento de su propio universo
Tenía apenas trece años cuando, en un arrebato de inspiración temprana, Marta escribió sus primeros versos en un poema que tituló, premonitoriamente, "Mi Mundo".Aquella niña solitaria y soñadora no sospechaba que ese pequeño espacio interior terminaría expandiéndose hasta cobijar a miles de lectores en toda Hispanoamérica.
Hoy, cuando nos enfrentamos a la inevitable oclusión del pensamiento que trae la muerte, sabemos que las cosas que fueron importantes vuelven a nacer cada vez que las proyectamos al futuro desde el baúl de los recuerdos. [1, 2]
Marta de Arévalo nos deja la vigencia de sus palabras: un faro de generosidad y devoción por la belleza escrita que seguirá orbitando en el tiempo, recordándonos que la poesía siempre fluye de las emociones más cotidianas.
Marta de Arévalo nos deja la vigencia de sus palabras: un faro de generosidad y devoción por la belleza escrita que seguirá orbitando en el tiempo, recordándonos que la poesía siempre fluye de las emociones más cotidianas.
En recuerdo a su trayectoria, les invitamos a leer su poema "Mi Mundo"
MI MUNDO
Marta de Arévalo (1933-2026)
Yo tengo un mundo aparte en algún sitio,
un mundo donde lloro y donde río.
Un mundo escondido a ojos extraños,
otro mundo que es solamente mío.
Un mundo encantado donde no llega,
el oscuro, humano y vulgar sentir.
Adonde voy feliz cuando me llama,
de donde no quiero nunca partir.
Tengo un mundo escondido a ojos extraños
en un sitio que ni yo sé dónde está.
Sólo sé que voy a él como entre sueños
subiendo una extraña escalera irreal.
Un mundo aparte,
donde ángeles bellos me dictan estrofas,
acentos y notas,
y guían mi pluma, oscura y cansada,
con raras palabras que nunca se agotan.

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